Consciencia Butoh

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Ilustración: Noemí Villamuza

Hace ya casi 5 años, que la idea de utilizar la danza Butoh (Butô) como técnica para profundizar e iniciarse en el trabajo personal terapéutico, me comenzó a zumbar en la cabeza, al inicio era un ronroneo casi mudo que nuca cesaba, hiciera lo que hiciera. Cuando me quedaba parada observando cualquier cosa, podía percibir un movimiento sutil, mínimo en cada objeto, animal o persona, estuviera o no en movimiento. Se desarrollaba delante de mí  (más exactamente dentro de mí), un espectáculo reconocible por mí en la mayoría de los casos, un espectáculo que transcurría sin tenerme en cuenta y sin embargo me incluía en ese suceder. Me ocurría entonces que comprendía cosas con respecto a mi, a mis movimientos  y sobre todo, a mis no movimientos.

Después volvía a casa, y a solas… trataba de reproducir esa escena, como era bastante imposible saber con exactitud lo que debía reproducir, terminaba siempre moviendo dentro de mi cuerpo,  la imagen y el recuerdo de lo que yo había sentido como observadora. Y la magia surgía: se trazaba por dentro de mí como un mapa, como esas cartografías rudimentarias que trazan con cruces caminos hacia algún tesoro… Y el tiempo se detenía, como si dentro de mí la vida transcurriese a otra velocidad, con el ritmo de las cosas desconocidas, que nunca esperas porque no sabes que deben llegar.  Sobrevenía entonces una sensación (que me turbaba al principio ), como de estar habitando otro espacio también. Y me sentía afortunada y segura.

Mi curiosidad y deleite en caminar siguiendo ese mapa dentro, con un cuerpo que manifestaba fuera sin preocuparse de lo que pudieran estar percibiendo otros (quiero decir, moviéndome para mí, no en relación a mostrar algo que guste al exterior). Moviéndome para mí y desde mí, siempre de la manera adecuada, todo valía, todo era posible y siempre correcto. Este disfrute y esta liberación, me llevaron a ir diseñando multitud de sesiones a las que fui sumando elementos imprescindibles para mí en el trabajo corporal.
Presento esta propuesta como un trabajo corporal terapéutico que puedes hacer para tí misma/o por que te apetezca, como parte de otro tipo de terapia en la que lo corporal esté más ausente  o como experimento para habitar tu otra dimensión.
No son clases de danza, aunque se danza hasta el infinito. 

No es algo conocido, aunque te resonará en lo más profundo.

No es ejercicio físico, aunque encontrarás un entrenamiento intenso.

Son un montón de no cosas que acabarán siendo lo que tú quieras.

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